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Roma: Monarquía, República, Imperio

Según la leyenda, la fundación de Roma se debe a los hermanos Rómulo y Remo, amamantados por esa misma loba que, más tarde, se convertiría en uno de los símbolos inequívocos de la ciudad en todo el mundo.

La fundación oficial de Roma pertenece, en realidad y según fuentes históricas, a un período comprendido entre los siglos VIII y IX a.C. cuando, a partir de la progresiva unión de los pueblos presentes en las siete colinas, que aún hoy rodean el área urbana de Roma, la ciudad se forma lentamente.

La historia de Roma, se puede sintetizar en tres períodos históricos principales, cada uno, caracterizado por una forma política diversa:

Edad Monárquica

Los famosos siete Reyes de Roma que se sucedieron en la conducción de la ciudad por un total de más de dos siglos, período durante el cual, la vida de la ciudad se caracterizaba por diversos conflictos con las realidades territoriales vecinas.

A cada uno de los siete Reyes que caracterizaron la vida de Roma, en general, viene atribuido un mérito especial en cuanto a la determinación social y política romana.

  • Rómulo, que dotó a la ciudad de las primeras instituciones políticas y religiosas
  • Numa Pompilio, que otorgó a Roma las primeras instituciones militares
  • Tullio Ostilio, que derrotó a los Sabinos y conquistó Alba Longa
  • Anco Marzio, que fundó Ostia, primera de las colonias romanas
  • Tarquinio Prisco, que inició muchos trabajos públicos
  • Servio Tullio, que reorganizó el ejército
  • Tarquinio el Soberbio, que viene alejado por sus actitudes arrogantes hacia las instituciones
  • Edad Republicana:

    Son los siglos de la expansión de Roma en la península italiana como primer lugar y luego en toda el área del Mediterráneo.

    La fecha que mayormente caracteriza las progresivas conquistas romanas es aquella de la caída de Cartagena (146 a.C.), desde siempre adversaria de la ciudad y cuya conquista por parte de las tropas conducidas por Scipione Emiliano, señala definitivamente el pasaje de Roma como dominadora del Mediterráneo Occidental a potencia indiscutible en toda la zona.

    Roma en la edad republicana, se expandió tanto que fueron necesarias formas de control más estrictas para las provincias, siempre más alejadas del sistema político central y por este motivo difícilmente controlables.

    La edad republicana además de caracterizarse por el florecimiento de las formas de arte y cultura particularmente superiores, se distingue por la extraordinaria expansión territorial de Roma y por el inicio precoz de los problemas: de hecho, los siglos entre el II y el I a.C., son los de las conquistas de Julio César en Galia y Bretaña, la revolución de los esclavos conducida por Spartaco, la expansión hasta Siria y Armenia, y el círculo cultural de los Sciponi.

    Edad Imperial

    La edad imperial en Roma, inicia con una fuerte voluntad política de colocar el poder en manos de unos pocos. De esta manera, inician las guerras civiles y luchas internas que, como único resultado llevaron a la toma del poder de Gaio Mario, en primer lugar y luego a los regímenes dictatoriales de Sila y Julio César.

    Entre el 44 y el 30 a.C., en Roma, prevalece la idea de que para gobernar de manera eficiente, se necesita una figura de conducción diversa de aquella del dictador, figura encarnada por Octaviano, que se atribuye el apelativo de Augusto e inaugura el período político del llamado Principado.

    Durante todo el primer siglo a.C. continuó la progresiva y constante expansión de lo que ya se había convertido en un verdadero y proprio “Imperio”: la Dacia y los nuevos territorios en Oriente vienen sujetos al dominio de Roma y la conducción del principado fue seguida primero por la Gens Julio Claudia y luego por la Gens de los Flavios .

    Después de este último período de expansión, el Imperio Romano, iniciará un largo período de estancamiento y posteriormente de crisis, más tarde, se desarrollará paralelamente con la afirmación del Cristianismo.

    La conducción del Imperio fue precedida durante el curso de los siglos por: Marco Aurelio, Septimio Severo, Diocleciano, Constantino: Roma pierde gradualmente su posición de sede central del Imperio, a favor de las metrópolis, nacidas cerca de las fronteras más simples de defender. El imperio, por comodidad administrativa y subdivisiones de poderes, es dividido en el 395 d.C. por Teodosio en: Imperio Romano de Occidente e Imperio Romano de Oriente (siendo capital Costantinopla, fundada sobre las ruinas de la antigua Bizancio).

    Durante el siglo V d.C., los dos Imperios fueron divididos y se convierten en fácilmente atacables por los pueblos bárbaros del norte de Europa, que iniciaron a bajar por toda la península italiana. Exactamente en el 476 d.C. el rey barbaro Odoacre, una vez en Roma, depone al emperador Rómulo Augusto y envía las insignias al Emperador de Oriente, marcando, de hecho, el fin de la dominación romana.