Lombardía, Véneto, Istria y Dalmazia terminaron en Austria, se reconstituyeron los ducados de Parma y Módena, el Estado de la Iglesia, mientras que el Reino de Nápoles regresó a los Borbones. Luego de la Restauración, en Italia se observa el desarrollo de los ideales de independencia y patriotismo, se organizan movimientos y reuniones clandestinas conocidas con el nombre de Carbonería.
En el 1848 comenzaron a manifestarse varias insurrecciones en los dominios austro-húngaros: en especial en Venecia y Milán, famosas las jornadas de Milán, que se conluyeron el 22 marzo con la victoria de la población local.
Ese mismo año, dados los resultados favorables obtenidos durante los cinco días de Milán, Carlos Alberto de Saboya decide entrar en acción, dando inicio a la primera guerra de independencia contra el régimen austríaco. Luego de varias batallas ganadas por los italianos, el conflicto concluye aún con la prevalencia de la potencia habsbúrica.
En 1852, Sabuado Camillo Benso Conde de Cavour, se convierte en primer ministro del Estado, quien en 1859 se alió con los franceses guiados por Napoleón III y dió inicio a la segunda victoriosa guerra de independencia contra los austríacos. Si bien es traicionado por los aliados que dejaron el Véneto en manos habsbúricas, al término del conflicto, el Reino de Cerdeña (Estado Sabaudo) podía contar con Piamonte, Cerdeña, Lombardía, Emilia-Romagna, Liguria y Toscana. Quedaron excluídos Umbria, Marche y Lazio, sujetos al dominio pontificio, además del Sur y el Nordeste.
En el 1860 viene organizada la expedición de los Mil, conducida por Giuseppe Garibaldi que, desembarca en Marsala y con mil hombres, se dirige hacia el sur de Italia hasta Nápoles libertándolo de la dominación borbónica. El denominado Reino de las Dos Sicilias viene, a este punto, unido al Reino Sabaudo y en el 1861 es proclamado el Reino de Italia, cuya corona viene entregada a Vittorio Emanuele II.
Para conquistar Véneto y Friuli, en el 1866, el Reino declaró la guerra a Austria, aliándose con Prusia y dando, de este modo, inicio a la tercera guerra de la independencia. Muchos fracasos caracterizaron esta tentativa, aunque la victoria prusiana fue de ayuda a Italia, que podía exigir la adhesión de Véneto y Friuli.
Al inicio del reino y toda la segunda mitad del Ochocientos, Italia se concentró en una serie de guerras de expansión colonial, que iniciaron en el 1869 y tuvieron principalmente a África como escenario: entre los estados africanos que fueron declarados colonias italianas en esos años podemos señalar en especial, Somalia, Libia y Eritrea.